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Nuestros dioses demandaban sangre

Foto: Áncash Noticias

¿Sabías que...?

Nuestros dioses demandaban sangre

Los sacrificios humanos no sólo se registraron en la Cultura Maya sino también en la Inca; en Ancash también hay vestigios de esas prácticas.

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Cuando el 2006 se estrenó la película estadounidense llamada Apocalypto, dirigida por Mel Gibson, y basada en la cultura maya de Mesoamérica alrededor del año 1511 todos nos consternamos por la crudeza de las imágenes acerca de los sacrificios humanos que se muestran en el film, y que ciertamente reflejan hechos que sucedieron en realidad.

Felizmente, pensamos que esos actos “barbáricos” son cosa del pasado y son cosas que sucedieron en otra latitud lejos de nuestro hemisferio, porque las civilizaciones que habitaron los andes fueron “civilizadas” diferentes o eso creíamos, pero ¿en realidad lo fueron, fueron diferentes?

En las últimas décadas, en muchos lugares de los andes, han sido encontradas varias sepulturas en lo más alto de algunas montañas y volcanes. En el Perú la más famosa hasta la actualidad es la Momia Juanita descubierta en una expedición al volcán Ambato en 1995, ubicado en la región de Arequipa por el arqueólogo de montaña Johan Reinhard y el andinista Miguel Zárate, pero no ha sido el único hallazgo, en una montaña cercana, el Sara Sara, también descubrieron el cuerpo de un niño sacrificado o capacocha.

Todos estos hallazgos de las capacochas o sacrificios, fueron descritos en las crónicas en detalle. Por mucho tiempo se pensó que fueron exageraciones de los vencedores para mostrar el lado oscuro de la civilización conquistada y con eso un pretexto más para justificar el acto mismo de la conquista y la evangelización de estos pueblos. Los documentos coinciden en que la mayoría de las víctimas de sacrificio eran niños y niñas que oscilaban entre los cuatro y los diez años de edad, así como doncellas adolescentes.

 Era requerimiento necesario que fueran hermosos, no tuvieran marcas en la piel, ni defectos físicos. Se cree que eran donados por sus propias familias, hijos de dignatarios de alto rango y, con eso ellos ganaban prestigio ante el estado al realizar este tributo. Las doncellas al parecer provenían de los acllahuasi, siendo escogidas por sus atributos físicos desde temprana edad. Según Joseph de Acosta, algunas de ellas estaban destinadas a los sacrificios ordinarios que el inca realizaba cada año y otras a los extraordinarios, por ejemplo, para que el soberano recuperara la salud, cuando asumía el poder, cuando iba a la guerra o a su muerte. Nadie podía negarse a dar a su hija o hijo, incluso, algunos las ofrecían voluntariamente porque ganaban gran mérito, especialmente si eran inmoladas.

Un ejemplo de estos hechos lo proporciona Arguedas sobre el manuscrito de Huarochirí, refiere que junto al mar se sacrificaban todos los años un hombre y una mujer, los que eran enterrados vivos. Los sacrificios o capacochas, se cree que eran ofrecidos por el mismo Sapa Inca, como tributo a las huacas principales de acuerdo a su importancia buscando el favor de estas.

Cieza de León, en el capítulo XXIII de la segunda parte de su Crónica, nos brinda información al respecto a los sitios donde los andinos solían ofrecer la capachocha o sacrificios humanos. Entre los lugares sagrados, este cronista menciona que el Coricancha o Templo del Sol ocupaba el primer lugar. En relación con esto, Felipe Guamán Poma de Ayala dice que, en aquel templo el Inca sacrificaba a más de 500 niños y niñas venidos de todo el reino. De acuerdo con Juan de Betanzos, cuando se construyó este edificio por orden del Inca Yupanqui sacrificaron muchos niños y niñas al astro rey, los cuales fueron enterrados vivos en el recinto para consagrarlo.

Sacrificio de niños en la Cultura Maya

Pero estas prácticas no son atribuibles solamente a los incas, en realidad se realizaron en todos los andes por muchas de las civilizaciones que la poblaron desde épocas remotas. Los más documentados son los practicados por los Moche y Chimú en la costa norte del Perú. Un ejemplo es el descubrimiento de más de 140 niños sacrificados en las inmediaciones del balneario trujillano de Huanchaco por el arqueólogo Gabriel Prieto, en un proyecto realizado entre los años 2011 y 2026. Este hallazgo ha sido considerado como el mayor sacrificio de niños registrado a nivel mundial hasta la actualidad.

Otros hallazgos de importancia como resultado de los trabajos de arqueología de alta montaña, de acuerdo con Christian Virty, son 29 cuerpos, de ellos dos se encontraron en la Isla de la Plata en la costa de Ecuador, en tanto que los otros 27 fueron depositados a más de 5 000 msnm en las siguientes montañas, cerca Arequipa: Misti (seis individuos), Ambato (cuatro individuos), Pichu Pichu (tres individuos), Chachani (un individuo), Corupuna (un individuo) y Sara Sara (un individuo). En Argentina están Llullaillaco (tres individuos), Quehuar (un individuo), Chañi (un individuo), Chuscha (un individuo), Aconcagua (un individuo) y El Toro (un individuo); en Chile se encuentran en el nevado El Plomo (un individuo) y el cerro Esmeralda (dos individuos). Entre estos hallazgos el mejor documentado ha sido el de los tres niños en el volcán Llullaillaco en 1999 a más de 6715 msnm.

En la región de Áncash, uno de los casos mejor conocidos, y que fue registrado por el visitador Hernández Príncipe, es el referido a Caque Poma, a quien el gobernante Inca otorgó el nombramiento de curaca de Ocros por haber ofrendado al Sol a su hija Tanta Carhua. De acuerdo con el documento, ese cargo fue heredado por sus descendientes al menos hasta la extirpación de idolatrías. Hernández Príncipe refiere que la joven viajó al Cusco, donde fue objeto de ceremonias y luego la llevaron a lo alto de la montaña de Aixa, allí hicieron un depósito y la enterraron viva. Por su inmolación Tanta Carhua se convirtió en un oráculo de veneración por parte de la población local.

En la zona de la actual provincia de Recuay en Áncash, que tenían como deidad principal al Rayo, al cual ofrecían niños en sacrificio, los elegían de diferentes maneras, como los hijos de quienes habían sido tocados por un rayo, gemelos; de acuerdo a Cristóbal de Albornoz, los gemelos también recibían el apelativo de illapa, al igual que la deidad, y por eso los consideraban sus hijos y los ofrendaban.

Otros individuos que eran considerados hijos de esa deidad eran los que nacían con alguna malformación o algo diferente, por lo mismo ofrecidos en sacrificio a esa deidad. Al parecer estas prácticas eran independientes a la capacocha, ya que esos niños no realizaban la peregrinación al Cusco para las ceremonias. En el virreinato, la población nativa solía identificar a Santiago como la encarnación del rayo, por eso la prohibición de los sacerdotes católicos a que la población indígena nombrara a sus hijos con el nombre del santo porque sabían que en realidad lo hacían a la antigua divinidad, y con eso ponían fin a su culto, o eso creían.

El mismo Licenciado Rodrigo Hernández Príncipe, en su cargo como visitador general contra idolatrías, en enero de 1622 realizada en la provincia de Recuay, da cuenta en forma detallada de las capacochas y otros sacrificios a deidades locales que se llevaron a cabo.

Como un lector del siglo XXI me resulta difícil comprender esos hechos, actos y costumbres, pero ¿quiénes somos nosotros para juzgar si estuvo bien o mal?, para ellos era lo justo y necesario para mantener el orden natural y sobrevivir, ya que sobrevivir en los andes a más de 3 000 msnm no es cosa fácil, y menos en aquellas épocas.

Sin embargo, no puedo dejar de pensar en las pobres víctimas, esos pobres niños y niñas, aunque consientes y quizás en forma voluntaria caminando hacia su fatal destino, como seres humanos, su instinto de supervivencia los debió haber llenado de pavor, porque es lo que sentimos ante la muerte en cualquier circunstancia y para ellos no fue diferente.

El ser humano ha luchado por sobrevivir y para ello no ha escatimado en recursos, y no hay mayor recurso que nuestra propia esencia humana, nuestra vida, y para ello se ha valido de todo aquello que la naturaleza le ponía al alcance, siendo su propia naturaleza parte de lo que podía usar y ofrendar.

Por lo tanto, en los andes, en estas montañas que nos rodean, no ha sido diferente que en otras partes del mundo, los seres humanos, en su lucha por sobrevivir han hecho lo inimaginable, y nosotros en el presente somos la prueba viviente de que lo consiguieron.

  Ahora solo me gustaría poder recordar y nombrar a aquellas pequeñas víctimas, el Licenciado Hernández Príncipe, nos dejó sus nombres y los lugares donde muchos de ellos descansan para la eternidad.

Creo que, reescribiendo sus hermosos nombres, de alguna manera volverán a la vida una vez más, en su época muchos de ellos se convirtieron en divinidades y creo que en cierta forma lo son, porque con su sacrificio han trascendido el tiempo y trascender es muy difícil, espero nunca sean olvidados.

En homenaje a:

  • La doncella Tanta Carhua   …………Sacrificada y enterrada viva en Ocros
  • Nina Cúyuc ………………………………………….ofrecida a una huaca en Quito
  • Poma Chullpuy …………………………………………Al Cusco
  • Una Chumbi………………………………………………A Quito
  • Allama Carhua…………………………………………. A Quito
  • Mallao Tunjo …………………………………………….A Cusco
  • Poma Chumbi……………………………………………A Quito
  • Caqui Chumbi…………………………………………… A Cusco
  • Cauri Pacssa ……………………………………………… A Chile
  • Munay Carhua…………………………….… Al Lago Titicaca

Siete hermanos:

  • Apu Cayan  …………………………………………… al Titicaca
  • Rina Hanampa ……………………………………….al Titicaca
  • Hancanay Uay ……………………………………….. a Lampas
  • Villca Carhua …………………………………………. al Titicaca
  • Raho Colque…………………………………………… a Quito
  • Poma Pochuy ………………………………………..…a Quito
  • Carhuhica……………………………………………….… a Cusco
  • Lliviacmasco Rimac Hanampa……………….….. a Cusco
  • Raho Collqui ………………………………………….…. a Cusco
  • Carhua Collqui……………………………………….….. a Quito
  • Livi Tocas ……………………………………………….…..a Cusco
  • Yaro Yacja  …………………………………………….……a Huanuco viejo
  • Xullca Carhua
  • Yayacu Collqui

Al rayo:

  • Runa Curi
  • Anco Ripay

Al ídolo Apu Huanchan, dos niños enterrados en pozos…

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