Editorial | Elecciones al revés: la campaña arrancando por donde no debe
Mientras las elecciones generales ya están en marcha, los partidos en Áncash centran su energía en promocionar candidaturas para gobernaciones y alcaldías que aún ni se convocan. ¿Improvisación o desorientación política?
Mientras las pintas con nombres de aspirantes a la gobernación y alcaldías empiezan a cubrir paredes y cerros de la Costa, el Callejón de Huaylas y Conchucos, la campaña para las elecciones generales -las que realmente ya están en marcha- sigue más fría que las aguas de la laguna Conococha.
Es un fenómeno que preocupa: los partidos políticos, o al menos sus comités regionales, parecen más entusiasmados en adelantar la carrera subnacional que en afrontar con seriedad el proceso que definirá al nuevo presidente, vicepresidentes, senadores y diputados. Las elecciones regionales ni siquiera han sido convocadas, pero los nombres para la gobernación y municipalidades ya se promocionan sin pudor, mientras que los liderazgos para el Congreso siguen sin aparecer.
¿Desorden, improvisación o desconexión entre las dirigencias partidarias y sus bases territoriales?
A nivel nacional, las encuestas muestran que el 63% de los peruanos aún no se identifica con ningún candidato ni partido. Figuras como Keiko Fujimori, Rafael López Aliaga o los representantes de la izquierda fragmentada aparecen con débil respaldo. De todos ellos, el ex presidente Martín Vizcarra muestra una tendencia creciente de apoyo en las calles, pese a estar inhabilitado constitucionalmente hasta 2035 para ejercer cargos públicos. Aun así, su movimiento político ya articula presencia nacional y, como señala el analista Juan Carlos Tafur, podría conseguir una representación significativa en el próximo Congreso, incluso sin él como candidato. Tafur advierte además que, ante la fragmentación del espectro político, un outsider antisistema podría volver a imponerse, como ocurrió con Pedro Castillo en las elecciones pasadas.
Mientras tanto, el plazo para inscribir alianzas vence en agosto. Si los 43 partidos no logran acuerdos sólidos, muchos podrían quedarse fuera por no pasar la valla del 5%. Sin embargo, en Áncash el debate sigue centrado en los comicios que aún no están en agenda. ¿Por qué esta carrera invertida? ¿Estamos ante una falta de cuadros técnicos, una desconexión estructural entre lo nacional y lo local, o simplemente ante el oportunismo de siempre que privilegia el corto plazo?
La historia reciente nos da algunas pistas. Desde la caída de Fujimori, Áncash ha elegido congresistas de casi todos los colores políticos: Fuerza Popular, Perú Posible, Partido Nacionalista, Solidaridad Nacional, Apra, APP, Perú Libre y Acción Popular. Todos llegaron por el “caballo y la carreta”, arrastrados por el voto presidencial. Pero hoy, sin liderazgos fuertes ni propuestas articuladas, el riesgo de que ese arrastre no se repita es muy alto.
Con el retorno a la bicameralidad, Áncash tendrá una curul en el Senado y cinco en la Cámara de Diputados. Pero si los partidos no ordenan su estrategia, si no proponen ni articulan liderazgo nacional desde las regiones, podrían perder la oportunidad de representar verdaderamente a la ciudadanía.
Mientras tanto, los nombres locales se pintan en las paredes y se colocan en redes, sin que nadie explique con qué plan nacional se alinean. Si los partidos siguen en piloto automático, solo están sembrando más desconfianza y más vacío.
Y ya sabemos qué pasa cuando hay vacío: lo ocupan los extremos, los improvisados o los populistas de turno. ¿Estamos preparados para repetir esa historia?