Las 39 agrupaciones políticas que buscan participar en las elecciones generales de abril de 2026 completaron ayer su primer gran hito: las Elecciones Primarias del 30 de noviembre. Pero lejos de ordenar el escenario, el proceso dejó al descubierto la precariedad organizativa de la mayoría de partidos.
Solo dos —el APRA y Renovación Popular— se sometieron al mecanismo de un militante, un voto, mientras que 37 organizaciones optaron por delegados, un modelo menos participativo que postergó la verdadera competencia interna.
Los resultados preliminares también reflejan una participación baja y desigual fuera de Lima. Regiones del sur, como Arequipa, Puno y Cusco, enviaron señales claras de distanciamiento y desconfianza hacia los partidos tradicionales, con cifras que deberían encender alertas en los estrategas de campaña. La brecha territorial en la participación no solo revela apatía: muestra un mapa político fragmentado que los partidos aún no están sabiendo leer.
En Áncash, la fotografía fue igual de preocupante: no se observaron estructuras partidarias visibles, ni precandidatos definidos, ni equipos territoriales preparados. A meses de la elección, la mayoría de organizaciones sigue sin perfilar quiénes competirán por el Senado y la Cámara de Diputados en la región.
En el APRA, la disputa interna entre Enrique Valderrama y Javier Velásquez Quesquén definirá el rumbo presidencial de la organización, mientras que Jorge Del Castillo queda relegado a la competencia por el Senado. En Renovación Popular, la ratificación de Rafael López Aliaga era predecible, aunque el partido aún no perfila claramente sus cartas para Áncash.
Para las agrupaciones que eligieron delegados, el proceso recién inicia. Desde hoy entramos oficialmente a la fase del filtro político. El 7 de diciembre será el momento decisivo: los delegados deberán ratificar o modificar las listas al Senado, las diputaciones y las fórmulas presidenciales. Ese día marca el verdadero tránsito de las primarias a las decisiones.
El cronograma electoral es implacable. El 15 de diciembre, el Jurado Nacional de Elecciones proclamará los resultados de las primarias. Y muchas agrupaciones podrían quedarse fuera antes incluso de competir: varias no han completado sus listas congresales para Áncash y avanzan contra el reloj.
El 23 de diciembre, dos días antes de Navidad, deberán quedar oficialmente inscritas todas las candidaturas. Desde enero, el país ingresará de lleno a una campaña rápida, intensa y decisiva.
A diferencia de años anteriores, el 2026 trae un reto mayor: el retorno a la bicameralidad. Esto exige elevar el estándar. Áncash necesita senadores con visión de Estado y diputados capaces de legislar y fiscalizar con conocimiento real del territorio. Esta vez no bastan las simpatías locales ni las candidaturas improvisadas: se requieren perfiles sólidos y preparados.
Pero persiste un problema transversal: la falta de transparencia. Ningún partido ha publicado listas preliminares para Áncash. Esa opacidad revela improvisación o temor al escrutinio. Nuestra experiencia reciente demuestra que, cuando los procesos se manejan a oscuras, la región termina con representaciones débiles o desconectadas.
Por eso, la fiscalización ciudadana debe empezar hoy.
Huaraz, Independencia, Nuevo Chimbote, Santa, Caraz, Carhuaz y toda la región tienen el derecho —y la responsabilidad— de exigir claridad. Hay herramientas digitales para revisar trayectorias, comparar perfiles y evitar repetir el voto impulsivo o desinformado.
Lo de ayer fue solo el primer paso.
Lo decisivo —y lo que definirá el futuro político de Áncash— empieza desde hoy.

