El reciente aluvión en la subcuenca de Casca no debe ser visto como un evento aislado, sino como un preaviso contundente de las múltiples dificultades que ya afronta toda nuestra Cordillera Blanca producto de la acelerada desglaciación. Lo preocupante no es solo el fenómeno natural, sino la lenta —cuando no inexistente— reacción de las autoridades nacionales y regionales frente a una situación ya advertida.
El caso es grave. En esa misma subcuenca se ha detectado contaminación de las aguas por arrastre de detritos, producto directo del retroceso glaciar. El riesgo para las poblaciones que dependen de estas fuentes es real y actual. Sin embargo, el Ejecutivo nacional, que hace más de un mes anunció acciones inmediatas durante una visita oficial a Huaraz, no ha cumplido con lo prometido. La ausencia de medidas concretas ha dejado a la población en una incertidumbre peligrosa, mientras problemas similares comienzan a replicarse en Yungay y Carhuaz.
En el ámbito local, el tiempo juega en contra. El reciente anuncio del presidente de la EPS Chavín sobre la viabilidad de un proyecto de abastecimiento hídrico mediante iniciativa privada abre una oportunidad que no puede dilatarse. La decisión ahora recae en el Concejo Municipal de Huaraz, que debe actuar con responsabilidad y visión de futuro. Las dudas o temores que en el pasado frustraron inversiones estratégicas —como ocurrió con otros proyectos emblemáticos— no pueden repetirse. Huaraz enfrenta el riesgo real de quedarse sin agua potable en los próximos años, y la ciudadanía espera decisiones firmes, no cálculos políticos.
A este panorama se suma la indefinición del Gobierno Regional respecto al Proyecto Multipropósito de Palcacocha, una pieza clave en la gestión del riesgo y la seguridad hídrica. La falta de claridad y de conducción en un proyecto de esta magnitud no solo retrasa soluciones, sino que agrava la vulnerabilidad de toda la cuenca.
La crisis del agua no admite pausas burocráticas ni silencios prolongados. Las promesas ya fueron hechas; lo que falta es cumplirlas. El Estado no puede reaccionar solo cuando la emergencia estalla. Debe anticiparse, planificar y ejecutar. De lo contrario, el costo no será político, sino social.
Casca no espera. La Cordillera Blanca no espera. Y el agua, cuando falta, no da segundas oportunidades.

