La ciudad de Huaraz fue escenario, del tradicional Misa de Cruces, una emotiva manifestación de religiosidad popular que se desarrolló en la plazuela del Santuario del Señor de la Soledad, congregando a cientos de fieles provenientes de barrios urbanos y comunidades rurales de la provincia.

La ceremonia, que forma parte de las actividades centrales del Carnaval Huaracino, reunió cruces comunales, familiares y calvarios de barrio, cuidadosamente adornados mediante la técnica ancestral del huatapaky, que consiste en el amarrado con plantas y flores propias de la zona. Cada cruz, con vestimentas y símbolos particulares, representa protección, salud, progreso y bienestar para las familias y la comunidad.
Durante el encuentro, las cruces recorrieron las calles acompañadas de danzas, música tradicional y expresiones de profunda devoción, hasta llegar a los espacios sagrados donde recibieron la misa y posterior bendición. Esta celebración, que se realiza cada año dos semanas antes del primer domingo de Cuaresma, simboliza la unión entre el mundo rural y urbano, fortaleciendo la identidad cultural y espiritual del pueblo huaracino.
Momentos de especial recogimiento se vivieron con la participación de cruces emblemáticas como Tayta Runtu, procedente de Paria Willcahuain, que junto a su hermano Awaq fue elevada con esfuerzo colectivo al ritmo de la música tradicional, en medio de rezos, lágrimas y agradecimientos de los devotos. Asimismo, destacaron cruces de comunidades como San Andrés de Huanchac, Uquia, Caururu, Escalón, Cantu, Pumapalla, Eslabón de Cuarhuaz, entre otras.
Más allá del ritual, el Encuentro de Cruces evidenció el rol fundamental de hombres y mujeres de las zonas rurales, guardianes de una tradición transmitida de generación en generación. En este acto de fe compartida, Huaraz mostró el rostro más profundo de su carnaval; una celebración donde la alegría convive con la memoria, la identidad y una fe que sostiene a todo un pueblo.

