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Un puente menos en Áncash: el centralismo que nos deja aislados

El colapso del puente Saway, arteria vital que conecta la capital con el Callejón de Huaylas, es mucho más que una falla de infraestructura. Es también la evidencia de un modelo de gestión profundamente centralista que sigue dejando a las regiones dependiendo de decisiones tomadas a cientos de kilómetros de donde ocurren las emergencias.

Una vez más, el Estado peruano demuestra que no ha aprendido las lecciones que la propia naturaleza le ha dado durante décadas. La gestión pública continúa atrapada en la lógica de la reacción: esperar que el desastre ocurra para recién intentar —tarde y mal— ensayar una respuesta.

La incapacidad de Provías Nacional para instalar con celeridad el anunciado puente Bailey no es solo un retraso administrativo. Es un golpe directo a la economía regional, precisamente cuando Áncash se encuentra en el pico de la afluencia turística por Semana Santa. Mientras la burocracia se toma su tiempo, las lluvias no dan tregua.

Según proyecciones del Senamhi, marzo y parte de abril traerán precipitaciones aún más intensas. Sin embargo, el Estado continúa actuando como si cada emergencia fuera una sorpresa.

En el interior del departamento, la situación es igual de preocupante. Las vías de comunicación, especialmente en zonas como Conchucos, se deterioran a un ritmo acelerado. Aquí el problema es doble: los gobiernos locales están prácticamente atados de manos.

Por un lado, una estructura legal que concentra decisiones en entidades nacionales como Provías; por otro, los candados técnicos y presupuestales del Ministerio de Economía y Finanzas, que dificultan incluso la adquisición de maquinaria pesada. Una municipalidad sin equipo ni autonomía operativa se vuelve prácticamente inútil frente a una emergencia.

Mientras en otros países la gestión de emergencias está descentralizada para garantizar respuestas inmediatas, en el Perú seguimos dependiendo de coordinaciones burocráticas que parecen eternas.

El país, además, se encuentra a puertas de elegir nuevas autoridades. Sin embargo, el debate electoral sigue dominado por promesas generales y frases repetidas, mientras los temas estructurales —como la gestión del riesgo, la infraestructura resiliente o la descentralización efectiva— apenas aparecen en la discusión pública.

La naturaleza no perdona ni espera trámites documentarios. O el Estado cambia su enfoque hacia una ingeniería vial preventiva, descentralizada y planificada, o seguiremos viendo cómo cada temporada de lluvias repite el mismo libreto: carreteras cortadas, regiones aisladas y economías locales golpeadas.

Hoy es el puente Saway.
Mañana podría ser otro.

La pregunta sigue siendo la misma: ¿cuántos puentes más deben caer para que el Estado deje de reaccionar y empiece, por fin, a prever?

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