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Huaraz vibró con la víspera de la Octava del Señor de la Soledad

Las calles de Huaraz volvieron a llenarse de música, color y devoción durante la víspera de la Octava del Señor de la Soledad, celebrada este 9 de mayo. Desde tempranas horas, cientos de danzantes comenzaron a recorrer la ciudad para bailar frente al “Taita Soledano”, patrón de Huaraz y símbolo de profunda fe para miles de familias ancashinas.

Shacshas, antihuanquillas y diversas agrupaciones llegaron desde distintos lugares de Áncash y otras regiones del país. El sonido de los tambores y las sonajas acompañó una jornada marcada por la tradición, el cansancio y la promesa de seguir manteniendo viva una festividad que atraviesa generaciones.

La historia del Señor de la Soledad permanece ligada a una de las leyendas más conocidas de Huaraz. Según la tradición popular, una anciana encontró la imagen de un Cristo crucificado cerca de una laguna mientras buscaba hierbas. Días después, la figura habría desaparecido de la iglesia para regresar nuevamente a ese lugar solitario. La leyenda cuenta que el Cristo pidió que se construyera allí su templo, dando origen al nombre de “Señor de la Soledad”.

Con los años, la festividad se convirtió en una de las celebraciones religiosas más importantes de Áncash. Cada mayo, Huaraz no solo recibe peregrinos y visitantes, también reúne a generaciones de danzantes que encuentran en la fiesta una mezcla de identidad, herencia cultural y fe.

Entre ellos estuvo C. J. P. B., integrante del grupo Brisa, quien recordó cómo la danza de los shacshas ha cambiado con el tiempo. “Antes no era como ahora. Las vestimentas eran más sencillas, no tenían tantos colores ni adornos. La peluca ya no se usa y antes incluso se bailaba con yankis”, comentó.

El danzante explicó que actualmente las coronas son más elaboradas y que muchas modificaciones fueron incorporadas con el paso de los años por agrupaciones provenientes de la costa. Incluso, recordó que antiguamente la danza era interpretada también por mujeres y se utilizaban medias nailon como parte de la vestimenta tradicional.

Otra historia se escucha detrás de cada tambor. J. D., integrante del grupo Pasos, contó que la preparación para participar en la festividad empieza al menos dos meses antes. “Lo más complicado para mí es preparar los tambores, pero lo hago con mucho amor”, señaló mientras ajustaba los instrumentos antes de ingresar al recorrido.

Durante la noche, el centro de Huaraz se convirtió nuevamente en un escenario de fe popular. Familias completas observaban el paso de las comparsas mientras los danzantes seguían avanzando entre música, humo de incienso y aplausos. Algunos bailaban por tradición, otros por promesa, pero todos bajo una misma devoción: acompañar al Señor de la Soledad en una de las fechas más esperadas del calendario huaracino.

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