Por: Enrique Gubbins
Presidente de la Sociedad de Comercio Exterior del Perú (ComexPerú)
Roberto Sánchez llegó a la segunda vuelta con un problema que ninguna asesoría de imagen puede resolver: para conquistar al votante de centro, necesita dos cosas imposibles. Primero, desvincularse de Antauro Humala. Segundo, alejarse de los fundamentos de su propio plan de gobierno. No puede hacer ninguna de las dos sin negar lo que representa. Y por eso, en el debate eligió el camino de todo populismo acorralado: atacar y mentir.
Empecemos por Antauro. Sánchez lo proyectó como presidenciable, lo paseó por su campaña y, hasta hace pocas semanas, lo perfilaba como la cara de la “lucha contra el crimen”. Ahora, viendo el rechazo que ese vínculo genera, dice que el líder etnocacerista —condenado por el Andahuaylazo— no tendrá cargos ejecutivos. No es un deslinde de convicción; es un deslinde calculado. Se distancia cuando le conviene y se acerca cuando le resulta útil. El peruano que vivió el Andahuaylazo sabe distinguir entre una ruptura genuina y un divorcio de papel firmado días antes de votar.
El segundo nudo es más profundo, porque está por escrito. El plan de gobierno de JP no es un secreto ni una interpretación malintencionada: propone una nueva Constitución por la vía del referéndum, “superar el modelo neoliberal” y una “soberanía” sobre los recursos naturales que suele traducirse en una mayor intervención estatal. Esa es la columna vertebral del proyecto. Y ahí está la trampa: ese plan no lo quiere la mayoría de los peruanos, pero es precisamente lo que define a su partido.
Atrapado entre un aliado impresentable y un programa impopular, Sánchez hizo lo único que le quedaba. En lugar de defender lo que está escrito, anunció que presentará un plan “revisado” y “concertado” —es decir, otro plan distinto del que su partido suscribió—. Esa es la vieja maniobra: el documento radical para la militancia, el discurso moderado para la cámara. Lo hemos visto antes en la región. Chávez prometió no tocar la propiedad privada antes de tocarla toda. Evo juró respetar la institucionalidad antes de doblegarla. El método es siempre el mismo: prometer moderación en campaña para ejecutar el programa real en el poder.
Los peruanos merecen claridad, no acrobacias. Merecen saber si el plan que se ejecutará es el que está firmado o el que se “modera”. Merecen saber si Antauro estará dentro o fuera, y no según la encuesta del día. El 7 de junio no se elige entre dos discursos de debate: se elige entre dos proyectos, y uno de ellos está escrito con una claridad que su propio candidato hoy quiere disimular.

