Mientras el país aguanta la respiración por el conteo final de la segunda vuelta, el calendario electoral no da tregua. Este martes se abre otra batalla política igual de crucial, aunque bastante más cercana para la vida cotidiana de los ciudadanos: las elecciones regionales y municipales.
Pero quienes creen que la campaña empieza en las calles se equivocan. La primera gran etapa de este proceso se jugará en los escritorios. Antes de mítines, caravanas, pintas y promesas, vendrá una especie de eliminación en mesa.
Los Jurados Electorales Especiales tendrán la tarea de revisar cada solicitud de inscripción. Pasarán por el escáner hojas de vida, requisitos formales, alternancia de género y cuotas de ley. Por eso conviene advertirlo desde ahora: presentar una solicitud no significa estar oficialmente en carrera. Hasta que el portal electoral no diga “inscrito”, todo sigue siendo provisional.
Y el suspenso no terminará ahí. Una vez superada la primera revisión, se abrirá la etapa de tachas, donde los principales blancos serán, inevitablemente, los candidatos con mayor exposición o ventaja inicial. Esa fase podría prolongarse hasta agosto y dejar fuera de competencia a más de un aspirante que hoy ya pinta paredes, recorre mercados o se presenta como favorito.
La política peruana suele producir esa postal conocida: precandidatos que arrancan demasiado temprano, pero no llegan a la partida oficial. En una campaña regional y municipal, como en una carrera de fondo, no siempre quien corre primero llega a la meta.
Lo verdaderamente intenso vendrá después, cuando queden los finalistas con credenciales limpias y listas validadas. Será entonces cuando se dispute con fuerza el poder regional, las municipalidades provinciales y los gobiernos distritales. Allí recién veremos quiénes tienen estructura, propuesta y capacidad real de sostener una campaña.
En Áncash, esta nueva etapa debe mirarse con especial atención. No se trata solo de nombres o colores políticos. Lo que está en juego es la conducción de gobiernos que tendrán que enfrentar problemas urgentes: inseguridad, infraestructura deteriorada, gestión de riesgos, salud, agua, empleo y reactivación económica local.
Por eso, desde esta tribuna hacemos un llamado a la madurez democrática. La región necesita campañas decentes, pero también docentes: campañas que expliquen, comparen y permitan al ciudadano decidir con información. No más demagogia barata ni promesas imposibles disfrazadas de solución.
El elector será cada vez más vigilante. Y los medios también debemos estar a la altura: promover pluralidad, abrir debate y exigir que quienes aspiran al poder demuestren fuste, preparación y talla moral.
La otra carrera electoral ya empezó.
Pero antes de pedir el voto, muchos tendrán que demostrar que realmente están en condiciones de competir.