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Editorial | El voto frente al abismo del «cedulón»

Editorial

Editorial | El voto frente al abismo del «cedulón»

A días de las elecciones generales, el tamaño de la cédula de votación no es el mayor desafío; sino decidir sin entender.

El próximo domingo, los peruanos estaremos frente a un enorme “cedulón”: una sábana electoral inédita con decenas de aspirantes a la Presidencia y miles de postulantes al Congreso. Más que una herramienta democrática, la cédula se ha convertido en el reflejo de un sistema fragmentado que pone a prueba la capacidad del elector para decidir con claridad.

Con las encuestas fuera de circulación, todo indica que la definición real ocurrirá en las últimas horas, incluso en la propia cola de votación. Esa es, precisamente, la señal de alerta: cuando el voto se decide al final, suele decidirse mal.

Las campañas han transcurrido entre el ruido y la dispersión. Las redes sociales han amplificado favoritos momentáneos, tendencias efímeras y candidaturas infladas por algoritmos. En paralelo, los debates no han logrado ordenar el escenario. Más que aclarar, han expuesto las limitaciones de un formato que, entre tiempos reducidos y exceso de participantes, ha impedido un contraste real de propuestas.

En este contexto, la política ha girado hacia la forma más que hacia el fondo. La capacidad de conectar emocionalmente, simplificar mensajes o dominar el escenario mediático ha pesado más que la consistencia técnica o la viabilidad de las propuestas. Pero conectar no es gobernar, y emocionar no reemplaza la capacidad de gestión.

El riesgo es evidente: elegir por impulso, por rechazo o por inercia. Y ese es un riesgo que el país ya conoce.

La última década debería bastar como advertencia. Inestabilidad política, improvisación, autoridades sin preparación, decisiones erráticas y oportunidades perdidas. El Perú ha resistido como ha podido, pero el costo ha sido alto. Repetir ese patrón ya no es una opción inocente.

A esto se suma la complejidad del nuevo escenario parlamentario. El retorno a la bicameralidad introduce reglas que aún no han sido plenamente comprendidas. Superar la valla electoral será determinante para la configuración del Senado y la Cámara de Diputados, y todo apunta a un Congreso fragmentado, sin mayorías claras y con riesgo de bloqueo.

En Áncash, esta situación exige una lectura aún más cuidadosa. Los escaños en disputa no se asignarán únicamente por votación regional, sino entre las listas que logren superar el filtro nacional. Muchas de las percepciones locales pueden ser engañosas: sin valla, no hay representación.

Por eso, en esta elección no solo está en juego quién gobierna, sino cómo se construye el poder en los próximos años.

En este punto, es necesario recordar algo esencial: el voto no es un trámite ni una formalidad. Es una decisión de poder.

Cuando elegimos autoridades, no solo marcamos una cédula. Les entregamos las llaves del país: las decisiones sobre la economía, la seguridad, las oportunidades para nuestros hijos y el rumbo institucional del Perú.

Elegir sin informarse no es un acto menor. Es repetir errores que ya conocemos.
El voto no puede decidirse en la cola.
No puede basarse en el cansancio ni en el rechazo.
Debe ser un acto consciente. Porque esta vez, más que nunca, lo que está en juego no es solo un resultado electoral, sino el rumbo del país.

En medio del “cedulón”, la responsabilidad es mayor.
Y la decisión, inevitable.

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